Una ruptura no termina cuando termina la relación.
A veces sabes perfectamente que tienes que seguir adelante y, aun así, tu cabeza vuelve una y otra vez al mismo lugar.
Entender qué te está pasando, aprender a manejar lo que sientes y reconstruir tu vida sin esa persona también forma parte del proceso.
No se trata de olvidar. Se trata de poder avanzar.
Cada ruptura tiene una historia diferente y cada persona llega a terapia en un momento distinto.
Puede que estés intentando tomar una decisión, atravesando los primeros días después de la ruptura o que haya pasado tiempo y sigas sintiendo que no consigues avanzar.
Por eso, el acompañamiento también tiene que adaptarse al momento en el que estás.
Hay relaciones en las que sabes que algo no va bien, pero el miedo, la culpa o el vínculo emocional hacen que tomar la decisión de marcharte resulte especialmente difícil.
En terapia exploramos qué te mantiene en esa relación y trabajamos las dificultades emocionales que aparecen cuando intentas dar el paso.
Aunque la relación haya terminado, puede que sigas esperando un mensaje, buscando señales de una nueva oportunidad o imaginando que las cosas todavía podrían cambiar.
En terapia exploramos qué mantiene viva esa esperanza y trabajamos el vínculo emocional que dificulta avanzar después de la separación.
Puede que hayan pasado meses desde la ruptura y, aunque hayas intentado seguir con tu vida, continúes pensando en esa persona, comparando tu presente con lo que tenías antes o sintiendo que todavía hay algo que te impide avanzar.
En terapia identificamos qué mantiene ese malestar y trabajamos las dificultades emocionales que permanecen después de la ruptura.
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